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POEMAS SIGLO DE ORO Y ROSALIA ( MODALIDAD 2010)

DOSIER LITERATURA CASTELLANA CURSO 2009/2010

 

1. Antología poética del Siglo de Oro *

2. Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote *

3. Tirso de Molina, El burlador de Sevilla

4. Rosalía de Castro, Antología poética*

5. Miguel Delibes, Cinco horas con Mario

6. Enrique Jardiel Poncela, Eloísa está debajo de un almendro

 

Antología poética del Siglo de Oro

1. Garcilaso de la Vega, “En tanto que de rosa y azucena”

2. Garcilaso de la Vega, “Si de mi baja lira

3. Garcilaso de la Vega, “Escrito está en mi alma vuestro gesto”

4. Garcilaso de la Vega, “¡Oh dulces prendas por mi mal halladas”

5. Fray Luis de León, “¡Qué descansada vida…

6. Fray Luis de León, “Recoge ya en el seno

7. Fray Luis de León, “Alma región luciente”

8. San Juan de la Cruz, “Noche oscura”

9. San Juan de la Cruz, “Llama de amor viva”

10. San Juan de la Cruz, “Tras de un amoroso lance”

11. Luis de Góngora, “La más bella niña / de nuestro lugar”

12. Luis de Góngora, “Ándeme yo caliente y ríase la gente”

13. Luis de Góngora, “Amarrado al duro banco de una galera turquesca”

14. Luis de Góngora, “Soledad primera”, 1-61.

15. Luis de Góngora, “Prisión del nácar era articulado”

16. Lope de Vega, “Mira, Zaide, que te aviso”

17. Lope de Vega, “Suelta mi manso, mayoral extraño”

18. Lope de Vega, “Ir y quedarse y, con quedar, partirse”

19. Lope de Vega, “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”

20. Lope de Vega, “Un soneto me manda hacer Violante”

21. Francisco de Quevedo, “Érase un hombre a una nariz pegado”

22. Francisco de Quevedo, “¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!”

23. Francisco de Quevedo, “Madre, yo al oro me humillo”

24. Francisco de Quevedo, “Si eres campana, ¿dónde está el badajo?”

25. Francisco de Quevedo, “Miré los muros de la patria mía”

 

Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote. Capítols seleccionats

PRIMERA PARTE

PRÓLOGO

CAPÍTULO 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la

Mancha.

CAPÍTULO 7. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 8. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás

imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el

valiente manchego tuvieron.

CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de

famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con

otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero.

CAPÍTULO 22. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado

los llevaban donde no quisieran ir.

CAPÍTULO 25. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente

caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.

CAPÍTULO 31. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho

Panza, su escudero, con otros sucesos.

CAPÍTULO 44. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.

SEGUNDA PARTE

PRÓLOGO

CAPÍTULO 3. Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, Sancho Panza y el

bachiller Sansón Carrasco.

CAPÍTULO 10. Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora

Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.

CAPÍTULO 23. De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto

en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta

aventura por apócrifa.

CAPÍTULO 29. De la famosa aventura del barco encantado.

CAPÍTULO 41. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura.

CAPÍTULO 48. De lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la dueña de la

duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna.

CAPÍTULO 62. Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no

pueden dejar de contarse.

CAPÍTULO 64. Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas

hasta entonces le habían sucedido.

CAPÍTULO 73. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos

que adornan y acreditan esta grande historia.

CAPÍTULO 74. De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.

 

Rosalía de Castro, Antología Poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. Las campanas. “Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes”

 

 

 

Rosalía de Castro, Antología poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”.

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. “Las campanas. Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes

 

 

 

 

VII

 

Ya que de la      esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
la blanca luz del día.
              
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
y mi alma en su desierto.

 

ERA APACIBLE EL DÍA...

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
              
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!
              
Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
              
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
              
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
              
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
              
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Mas... es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.
              
Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.
              
Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!
              
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.
              
Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.
              
Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.
              
Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.
              
De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

 

 

Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitar el polo.

 

Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

 

Sedientas las arenas, en la playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe…? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

 

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra
cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;
y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

 

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

 

Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,
sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.

 

 

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

 

Fue cielo de su espíritu, fue sueño de sus sueños,
y vida de su vida, y aliento de su aliento;
y fue, desde que rota cayó la venda al suelo,
algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa,
siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;
que no ha de tener término sino cuando, cerrados,
ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.

EN SUS OJOS RASGADOS ....


En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra

de todos los males.


En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,

risueños, fugaces...,

cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis

 

En el alma llevaba un pensamiento,
una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo,
fresca brotó de súbito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.

 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

 

A la luna

I

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

 

 

LAS CAMPANAS

 

   Yo las amo, yo las
oigo,/

cual oigo el rumor del viento,/

el murmurar de la fuente/

o el balido del cordero./

   Como los pájaros,
ellas,/

tan pronto asoma en los cielos/

el primer rayo del alba,/

 le saludan con tus
ecos/

Y en sus notas, que van prolongándose/

por los llanos y los cerros,/

hay algo de candoroso,/

de apacible y de halagüeño./

   Si por siempre
enmudecieran,/

(…)/

 

 

 

En la altura los cuervos graznaban,
los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo
en los ecos de tal sinfonía;
algo negro, fantástico y mudo
que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,
esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,
del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron

 

Aún otra amarga gota en el mar sin orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,
débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,
ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.

 

No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás le bastará una dicha.

Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.

 

HORA TRAS HORA, DÍA TRAS DÍA

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
        Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
        Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
        Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
        En dónde, alma mía?

 

 

Cantares galegos

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.

I I

Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.

 

Cando de lonxe vos oio

penso que por min chamades

e das entrañas me doio.

 

Dóiome de dór ferida,

que antes tiña vida enteira

e hoxe teño media vida.

 

só media me deixaron

os que de aló me trouxeron,

os que de aló me roubaron.

 

Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,

¡ai!, uns toliños amores.

 

Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

de pena me consumiron. Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.

 

Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.

 

Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.

 

Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.

 

No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.

 

Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron...

de pena me consumieron.

II II

Aló pola mañanciña

subo enriba dos outeiros

lixeiriña, lixeiriña.

 

Como unha craba lixeira,

para oir das campaniñas

a batalada primeira.

 

A primeira da alborada

que me traen os airiños

por me ver máis consolada.

 

Por me ver menos chorosa,

nas suas alas ma traen

rebuldeira e queixumbrosa.

 

Queixumbrosa e retembrando

por antre verde espesura,

por antre verde arborado.

 

E pola verde pradeira,

por riba da veiga llana,

rebuldeira e rebuldeira. Allá por la mañanita

subo sobre los oteros

ligerita, ligerita.

 

Como una cabra ligera

para oir de las campanas

la campanada primera.

 

La primera de la alborada

que me traen los aires

por verme más consolada.

 

Por verme menos llorosa,

en sus alas me la traen

retozona y quejumbrosa.

 

Quejumbrosa y temblando

entre la verde espesura,

entre la verde arboleda.

 

Y por la verde pradera,

sobre la vega llana,

juguetona y juguetona.

III III

Paseniño, paseniño

vou pola tarde calada

de Bastabales camiño.

 

Camiño do meu contento;

i en tanto o sol non se esconde

nunha pedriña me sento.

 

E sentada estou mirando

como a lua vai saíndo,

como o sol se vai deitando.

 

Cal se deita, cal se esconde

mentras tanto corre a lua

sin saberse para donde.

 

Para donde vai tan soia

sin que aos tristes que a miramos

nin nos fale nin nos oia.

 

Que si oira e nos falara,

moitas cousas lle dixera,

moitas cousas lle contara. Despacito, despacito

voy por la tarde callada

de Bastabales camino.

 

Camino de mi contento;

y en tanto el sol no se esconde

en una piedrita me siento.

 

y sentada estoy mirando

como la luna va saliendo,

como el sol se va poniendo.

 

Cual se acuesta, cual se esconde

mientras tanto corre la luna

sin saberse para dónde.

 

Para dónde va tan sola

sin que a los tristes que la miramos

ni nos hable ni nos oiga

 

Que si oyera y nos hablara

muchas cosas le dijera,

muchas cosas le contara.

IV IV

Cada estrela, o seu diamante;

cada nube, branca pruma;

triste a lúa marcha diante.

 

Diante marcha crarexando

veigas, prados, montes, ríos,

onde o día vai faltando.

 

Falta o día e noite escura

baixa, baixa, pouco a pouco,

por montañas de verdura.

 

De verdor e de follaxe,

salpicada de fontiñas

baixo a sombra do ramaxe.

 

Do ramaxe donde cantan

paxariños piadores,

que ca aurora se levantan.

 

Que ca noite se adormecen

para que canten os grilos

que cas sombras aparecen. Cada estrella, su diamante;

cada nube, blanca pluma;

triste la luna marcha delante.

 

Delante marcha clareando

vegas, prados, montes ríos,

donde el día va faltando

 

Falta el día y noche oscura

baja, baja, poco a poco,

por montañas de verdor.

 

De verdor y de follaje,

salpicada de fuentecillas

bajo la sombra del ramaje.

 

Del ramaje donde cantan

pajarillos piadores,

que con la aurora se levantan.

 

Que con la noche se adormecen

para que canten los grillos

que con las sombras aparecen.

V V

Corre o vento, o río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camiño da miña casa.

 

Miña casa, meu abrigo,

vanse todos, eu me quedo

sin compaña nin amigo.

 

Eu me quedo contemprando

as laradas das casiñas

por quen vivo sospirando.

 

..............................

 

Ven a noite..., morre o día,

as campanas tocan lonxe

o tocar do Ave María.

 

Elas tocan pra que rece;

eu non rezo que os saloucos

afogándome parece

que por mín tén que rezar.

 

Campanas de bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Corre el viento, el río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

 

Mi casa, mi abrigo,

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

 

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

 

................................

 

Viene la noche..., muere el día,

las campanas tocan lejos

las notas del Ave María.

 

Ellas tocan para que rece;

yo no rezo que los sollozos

ahogándome parece

que por mi tienen que rezar.

 

Campanas de Bastabales

cando vos oio tocar,

me muero de añoranzas.

 

 

Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...
.........................................
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'é miña,
que hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ó que naceu desdichado.
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adios Virxe da Asunción,
branca como un serafín;
lévovos no corazón:
Pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!,¡meu lar!

 

 

 

 

 

Soneto XXIII
 
 
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
 
y en tanto que el cabello, que en la vena      5
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
 
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       10
cubra de nieve la hermosa cumbre;
 
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
 
 

Si de mi baja lira                                        7 a
tanto pudiese el son, que en un momento  11 B
aplacase la ira                                            7 a
del animoso viento,                                    7 b
y la furia del mar en movimiento                11B

y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese,
y al son confusamente los trujiese;

no piensen que cantado
seria de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo, y sangre, y de sudor teñido;

ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados.

Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada;

y cómo por ti sola,
y por tu gran valor y hermosura,
convertida en vïola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.

Hablo de aquel cativo,
de quien tener se debe más cuidado,
que está muriendo vivo,
el remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.

Por ti, como solía,
del áspero caballo no corrige
la furia y gallardía,
ni con freno la rige
ni con vivas espuelas ya le aflige.

Por ti, con diestra mano
no revuelve la espada presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra, como sierpe ponzoñosa.

SONETO V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Soneto X
 
 
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.
 
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas        5
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
 
Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,         10
llevadme junto el mal que me dejastes.
 
Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
 
 
 
Fecha:  C. 1534 (después de la muerte de su amada Isabel Freyre)
 
Vocabulario:
prendas - souvenirs (object that belonged to or was a gift from
the dead person)
me llevastes - you took away from me
habíais de ser - you would (turn out to) be
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1   2  3    4  5    6   7  8   9 10      + 1 = 11
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
 
1  2   3  4  5    6  7   8    9 10         + 1 = 11
dulces y_alegres cuando Dios querí-a!
 
1  2  3  4   5   6  7 8  9 10              + 1 = 11
Juntas estáis en la memoria mí-a,
 
1  2  3   4    5   6  7  8  9 10            + 1 = 11
y con ella_en mi muerte conju-radas.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD

ODA I - VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León

 

 

ODA XI - AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL

Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.

Ya Febo inclina el paso
al resplandor egeo; ya del día
las horas corta escaso;
ya Éolo al mediodía,
soplando espesas nubes nos envía;

ya el ave vengadora
del Íbico navega los nublados
y con voz ronca llora,
y, el yugo al cuello atados,
los bueyes van rompiendo los sembrados.

El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer llama;

alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo gana
la cumbre del collado
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana;

no cures si el perdido
error admira el oro y va sediento
en pos de un bien fingido,
que no ansí vuela el viento,
cuanto es fugaz y vano aquel contento;

escribe lo que Febo
te dicta favorable, que lo antiguo
iguala y pasa el nuevo
estilo; y, caro amigo,
no esperes que podré atener contigo,

que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.

Fray Luis de León

ODA XIII - DE LA VIDA DEL CIELO

Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente
fallece; fértil suelo,
producidor eterno de consuelo:

de púrpura y de nieve
florida, la cabeza coronado,
y dulces pastos mueve,
sin honda ni cayado,
el Buen Pastor en ti su hato amado.

Él va, y en pos dichosas
le siguen sus ovejas, do las pace
con inmortales rosas,
con flor que siempre nace
y cuanto más se goza más renace.

Y dentro a la montaña
del alto bien las guía; ya en la vena
del gozo fiel las baña,
y les da mesa llena,
pastor y pasto él solo, y suerte buena.

Y de su esfera, cuando
la cumbre toca, altísimo subido,
el sol, él sesteando,
de su hato ceñido,
con dulce son deleita el santo oído.

Toca el rabel sonoro,
y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa
y lanza en aquel bien libre de tasa.

¡Oh, son! ¡Oh, voz!  Siquiera
pequeña parte alguna decendiese
en mi sentido, y fuera
de sí la alma pusiese
y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,

conocería dónde
sesteas, dulce Esposo, y, desatada
de esta prisión adonde
padece, a tu manada
viviera junta, sin vagar errada.

La noche oscura
 
 
Canciones del alma que se goza de haber llegado al
alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.
 
 
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.                     5
 
A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.                     10
 
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.                 15
 
Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.                    20
 
¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!                  25
 
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.               30
 
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.                  35
 
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.                     40
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

Fecha:  C. 1577
 
Vocabulario:
sosegada - tranquil, at peace
a oscuras - in the dark
escala - stairs, ladder
disfrazada - disguized
alborada - dawn
regalaba - caressed
ventalle de cedros - cedar(-branch) fan
esparcía - spread out
hería - touched (lit. wounded)
almena - ramparts, battlements
dejéme - I let myself go
cuidado - cares, concerns
azucenas - (white) lilies
 
 
Estrofa:  Lira (estrofa con 5-7 versos de once y de siete sílabas, con
rima perfecta).  Aquí se emplea el esquema: aBabB
 
 
Sílabas:
 
1  2 3  4   5   6              + 1 = 7
En una noche_oscura,
 
1  2   3  4  5 6 7  8   9 10    + 1 = 11
con ansias en amores inflamada,
 
1   2  3 4  5  6               + 1 = 7
(¡oh dichosa ventura!)
 
1 2  3   4   5 6                + 1 = 7
salí sin ser notada,
 
1  2  3  4  5  6 7  8 9 10       + 1 = 11
estando ya mi casa sose-gada.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema aBabB
 
En una noche oscura,               a
con ansias en amores inflamada,      B
(¡oh dichosa ventura!)               a
salí sin ser notada,                 b
estando ya mi casa sosegada.         B
 

 

San Juan de la Cruz

(1542-1591)
 
 
Llama de amor viva
 
 
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,                           5
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
 
¡Oh cauterio süave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe                         10
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.
 
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,            15
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
color y luz dan junto a su querido!
 
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno                           20
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

 
Estrofa:  Lira (estrofa con 5-7 versos de once y de siete sílabas, con
rima perfecta).  Aquí se emplea el esquema: abCabC
 
 
Sílabas:  Versos de siete y de once sílabas
 
1    2 3   4  5   6                + 1 = 7
¡Oh llama de_amor viva
 
1   2  3 4   5  6                   + 1 = 7
que tiernamente_hieres
 
1   2   3   4  5   6    7 8  9 10    + 1 = 11    [hiato]*
de mi_alma | en el más profundo centro!
 
1   2   3  4  5   6                 + 1 = 7
Pues ya no_eres esquiva
 
1 2 3  4  5    6                      + 1 = 7
acaba ya si quieres,
 
1  2  3  4 5   6   7  8   9   10    + 1 = 11
¡rompe la tela de_este dulce_encuentro!
 
 
* José María Ortega prefiere otra versión de esta linea:
1  2   3   4   5   6    7 8  9 10     + 1 = 11    [hiato entre mi y alma]
de mi | alma_en el más profundo centro!
 
 
Rima:  Rima perfecta, con el esquema abCabC
 
¡Oh llama de amor viva                       a
que tiernamente hieres                         b
de mi alma en el más profundo centro!          C
Pues ya no eres esquiva                        a
acaba ya si quieres,                           b
¡rompe la tela de este dulce encuentro!        C
 

Tras de un amoroso lance

San Juan de la Cruz

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.

Dejadme llorar
Orillas del mar.



Luis de Góngora y Argote, 1580

Comente este poema de Góngora, prestando especial atención al contenido y a sus componentes tradicionales. [5 puntos: 3 para el contenido y 2 para la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario.]

Luis de Góngora: Ándeme yo caliente y ríase la gente.

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días 5
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
(1)
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla 10
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
(2)
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
(3)
que en el asador reviente, 15
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 20
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
(4)
y ríase la gente.
Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
(5) 25
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
(6)
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 30
Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
(7)
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 35
la blanca o roja corriente,
(8)
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 40
do se juntan ella y él,
(9)
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

ACLARACIONES SOBRE VOCABULARIO (vienen incluidas en el propio examen).
1. naranjada: mermelada de naranja.
2. Las mil preocupaciones (cuidados) del príncipe, no tendrán solución
(como píldoras dorados) por comer con vajilla dorada.
3. quiero más: prefiero.
4. Por las patrañas o cuento del Rey que rabió se entiende cualquier cuento antiguo o de tradición oral.
5. Nuevos continentes o países, para comerciar y amasar fortunas.
6. Filomena: el ruiseñor.
7. Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta que una noche muere ahogado y ella se suicida tirándose al mar también. Góngora se burla de estos desgraciados amantes y de los que vienen a continuación.
8. Tragarme el vino blanco o tinto.
9. Las ropas ensangrentadas de Píramo hacen suponer a Tisbe que ha muerto, por lo que se suicida clavándose una espada, en la que también se ensarta él cuando la ve.Por eso la espada es el lecho conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla de ello en la conclusión del poema.

Características del examen. El enunciado del examen (año 2004) puede inducir a error, pues en este caso no se trata sólo de esclarecer el significado del poema.
El enunciado habla de que hay que prestar especial atención también a “sus componentes tradicionales” y ahí entra la métrica y el análisis del estilo.
De todas formas, hay que pensar que esto es sólo una parte del ejercicio (hay otras preguntas en el examen aparte del comentario), por lo que no hay que hacer un comentario excesivamente analítico. Por tanto, deben comentarse, aparte del contenido, la métrica de modo perfecto (lo ideal a estas alturas, claro, es que el alumno no tuviera que medir cada verso para identificar la letrilla (y el villancico) y los rasgos estilísticos fundamentales. Teniendo en cuenta que se deben comentar los que muestren la naturaleza “tradicional” del poema, no cualquier recurso literario.
Tres de los cinco puntos serán, por tanto, para el análisis de la métrica y para el análisis estilístico y temático, sin perder de vista que todo debe orientarse a la premisa de mostrar los rasgos (métricos, estilisticos o temáticos) “tradicionales” de los que habla el enunciado. Los dos puntos restantes, como ya dice el mismo enunciado, se asignan en este caso de acuerdo con el nivel de redacción, la capacidad de argumentación, la coherencia del discurso, la fluidez, corrección y madurez expresiva y, en definitiva, la cohesión y articulación del comentario.

COMENTARIO

En esta letrilla, podríamos decir que lo que Góngora lleva a cabo es, en definitiva, una versión satírica del tópico del Beatus ille, sirviéndose para ello de un motivo tradicional, del cual provienen los versos que encabezan la composición: “Ándeme yo caliente/ y ríase la gente“.
En efecto, el contenido fundamental del poema, no es otro que una deformación burlesca de aquellos motivos con los cuales solía desarrollarse convencionalmente ese tópico clásico cuya fuente última suele ser Horacio y su poema del mismo título, Beatus ille, que había versionado fray Luis de León en su celebérrimo poema “Oda a la vida retirada”.
Ahora bien, lo que Horacio elegantemente expone en su ÉpodoII “Beatus ille qui procul negotiis…“, es una exaltación del ideal epicúreo (lindante con el estoicismo) de la sobriedad y la austeridad de una vida sencilla alejada de todo afán o preocupación.
Tan nobles ideales, en la irreverente letrilla de Góngora dan paso a un desenfadado canto hedonista que debemos poner en relación con los contrastes del barroco. Frente a la reflexión pesimista sobre la vida, un vitalismo burlón, aunque también nihilista, como el que le da tono a este poema.
Góngora es universalmente conocido por ese elaborado arte cubierto con la etiqueta de culteranismo, pero no es menos cierto que posee otra faceta: la de cultivador y revitalizador de la poesía tradicional. Tuvo un papel destacado en la revitalización del romance que se llevó a cabo en el barroco. También participó en la renovación del villancico y la letrilla.
Hasta que llegó a sus manos, esta forma métrica había sido un género menor limitado a temas religiosos o rústicos y vulgares. Góngora empezó a cultivar la letrilla en 1581 y la convirtió en un vehículo idóneo para expresar la sátira burlesca. Observemos en el poema que comentamos, cómo Góngora funde elementos tradicionales y cultos, aunando ambos para redoblar su intención burlesca. Parte, como hiciera en otras letrillas, de un refrán, pero a lo largo del poema la chispa humorística salta por la colisión entre elementos populares y alusiones más o menos zafias y grotescas a referentes mitológicos. El propio tema elegido es culto y Góngora lo pasa por el filtro de la poesía tradicional, lo que en sí mismo es uan propuesta provocadora.
Recordemos que la letrilla, básicamente, no era otra cosa que un villancico de tono satírico. El villancico era una forma estrófica derivada del zéjel, que había sido inventado en el siglo X por el poeta hispanomusulmán Mucáddamben Muafa.
La estructura métrica común a todos ellos, reducida a su esencia, consiste en concebir el poema como formado por un estribillo y un píe. En el pie es donde están la mudanza, la vuelta y la repetición del propio estribillo.
Originalmente, todo ello estaba pensado para el canto y el baile. El solista cantaba la mudanza y el verso de vuelta.El coro, tras el verso de vuelta, intervenía cantando el estribillo, entero o en parte, según los casos. La diferencia entre el zéjel y el villancico viene marcada, esencialmente por la diferente extensión de cada una de las partes.
Pero, como decimos, la letrilla, básicamente, no es más que una variante satírica del villancico. En el caso del poema que nos ocupa, la mudanza la forma una sextilla, seis versos octosílabos, cuya rima, consonante, debe seguir ciertas pautas: todos los versos deben tener rima, no pueden rimar más de dos seguidos y los dos últimos no pueden formar pareado. Teniendo todo esto en cuenta, esta es la disposición métrica de la letrilla de Góngora:

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.
(Estribillo)

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno, (Cuatro versos de mudanza)
y las mañanas de invierno (Enlace)
naranjada y aguardiente, (Vuelta)
y ríase la gente, (Estribillo)

En cuanto al contenido, lo singular de la letrilla es precisamente la conjunción entre lo tradicional y lo culto. El poeta toma un refrán popular y a partir de él desarrolla el poema de forma jocosa deformando un tópico de la literatura culta.
La estructura del poema se organiza en torno a los diversos motivos de este tópico, el Beatus ille, que el poeta satiriza. De manera que, tras el estribillo inicial, el primer apartado (veros 3 a 16) tienen como núcleo significativo el desprecio burlón del poder y del lujo. El poeta desprecia la pompa del poder y prefiere una vida humilde, apegada a los placeres sencillos.
En el segundo apartado se podrían integrar las dos siguientes series (versos 16 a 30), si entendemos también que la segunda, se antepone a la primera y la complementa. Prefiere estar entretenido ya salvo de los rigores del clima, y renuncia desdeñosamente a la ambición, el enriquecimiento o las grandes empresas en general.
En el tercer apartado, la dos últimas series (vv.31 a 44), ridiculiza el amor y lo cambia por los placeres de la mesa.
En cuanto al estilo, evidentemente estamos muy lejos de la poesía hiperculta que Góngora, como sabemos, llevó a extremos insuperables.
La letrilla destaca por la sencillez expresiva. Merece la pena destacarse en el apartado léxico, la presencia en el poema de palabras como “morcilla, mantequilla, bellotas, castañas”, etc. Es el resultado lógico de elevar a ideal de vida esa dorada medicocridad de lo cotidiano.
Sobresale tambiénen el poema el uso de la metonimia, pues el poeta se sirve de ella a lo largo de todo el poema para ir acentuando el contraste entre las dos actitudes ante la vida que contrapone.”Morcilla, mantequilla, bellotas, castañas” y otros elementos similares, concretan así el atractivo contenido del modo de vida que resulta mejor valorado en la letrilla.
Como ya señalaran Dámaso Alonso y Robert Jammes, el contraste entre los valores ideales de la sociedad y el mundo real marca todas las letrillas de Góngora y esta es un buen ejemplo pues está articulada en torno a él.
La letrilla recoge perfectamente el espíritu de la poesía tradicional, revitalizado, como decimos. El empleo de giros y expresiones del lenguaje coloquial es otra muestra de ello. Así lo vemos en diversos momentos como en la alusión a “el Rey que rabió” o “muy en hora buena”".
En cuanto a las metáforas, estamos lejos del esplendor metafórico del Góngora característico en poemas de registro culto. HAy pocas metáforas y forman parte del apartato humorístico del poema. Así “el golfo” de su lagar, del cual mana el vino o la burlona equiparación del tálamo de los enamorados a la espada y, por supuesto, la hilarante transformación del pastel en Tisbe.
Podría añadirse la graciosa personificación según la cual gobiernan sus días “mantequillas y pan tierno”.
En definitiva, es un estilo en el que domina la sencillez y el gracejo, igual que en otros aspectos del texto, con lo cual se integra perfectamente en la tradición poética que pretende recrear.

Amarrado al duro banco

De una galera turquesca,

Ambas manos en el remo

Y ambos ojos en la tierra,

 

Un forzado de Dragut

En la playa de Marbella

Se quejaba al ronco son

Del remo y de la cadena:

 

«¡Oh sagrado mar de España,

Famosa playa serena,

Teatro donde se han hecho

Cien mil navales tragedias!,

 

»Pues eres tú el mismo mar

Que con tus crecientes besas

Las murallas de mi patria,

Coronadas y soberbias,

 

»Tráeme nuevas de mi esposa,

Y dime si han sido ciertas

Las lágrimas y suspiros

Que me dice por sus letras;

 

»Porque si es verdad que llora

Mi captiverio en tu arena,

Bien puedes al mar del Sur

Vencer en lucientes perlas.

 

»Dame ya, sagrado mar,

A mis demandas respuesta,

Que bien puedes, si es verdad

Que las aguas tienen lengua,

 

»Pero, pues no me respondes,

Sin duda alguna que es muerta,

Aunque no lo debe ser,

Pues que vivo yo en su ausencia.

 

»¡Pues he vivido diez años

Sin libertad y sin ella,

Siempre al remo condenado

A nadie matarán penas!»

 

En esto se descubrieron

De la Religión seis velas,

Y el cómitre mandó usar

Al forzado de su fuerza.

SOLEDAD PRIMERA
      (Parte I)

Era del año la estación florida
En que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento.

Del siempre en la montaña opuesto pino
Al enemigo Noto
Piadoso miembro roto
—Breve tabla— delfín no fue pequeño
Al inconsiderado peregrino
Que a una Libia de ondas su camino
Fió, y su vida a un leño.
Del Océano, pues, antes sorbido,
Y luego vomitado
No lejos de un escollo coronado
De secos juncos, de calientes plumas
—Alga todo y espumas—
Halló hospitalidad donde halló nido
De Júplter el ave.

Besa la arena, y de la rota nave
Aquella parte poca
Que le expuso en la playa dio a la roca;
Que aun se dejan las peñas
Lisonjear de agradecidas señas.

Desnudo el joven, cuanto ya el vestido
Océano ha bebido
Restituir le hace a las arenas;
Y al Sol le extiende luego,
Que, lamiéndole apenas
Su dulce lengua de templado fuego,
Lento lo embiste, y con suave estilo
La menor onda chupa al menor hilo.

No bien, pues, de su luz los horizontes
—Que hacían desigual, confusamente,
Montes de agua y piélagos de montes—
Desdorados los siente,
Cuando —entregado el mísero extranjero
En lo que ya del mar redimió fiero—
Entre espinas crepúsculos pisando,
Riscos que aun igualara mal, volando,
Veloz, intrépida ala,
—Menos cansado que confuso— escala.

Vencida al fin la cumbre
—Del mar siempre sonante,
De la muda campaña
Árbitro igual e inexpugnable muro—,
Con pie ya más seguro
Declina al vacilante
Breve esplendor de mal distinta lumbre:
Farol de una cabaña
Que sobre el ferro está, en aquel incierto
Golfo de sombras anunciando el puerto.

«Rayos —les dice— ya que no de Leda
Trémulos hijos, sed de mi fortuna
Término luminoso.» Y —recelando
De invidïosa bárbara arboleda
Interposición, cuando
De vientos no conjuración alguna—
Cual, haciendo el villano
La fragosa montaña fácil llano,
Atento sigue aquella
—Aun a pesar de las tinieblas bella,
Aun a pesar de las estrellas clara—
Piedra, indigna tïara
—Si tradición apócrifa no miente—
De animal tenebroso cuya frente
Carro es brillante de nocturno día:
Tal, diligente, el paso
El joven apresura,
Midiendo la espesura
Con igual pie que el raso,
Fijo —a despecho de la niebla fría—
En el carbunclo, Norte de su aguja,
O el Austro brame o la arboleda cruja.

El can ya, vigilante,
Convoca, despidiendo al caminante;
Y la que desviada
Luz poca pareció, tanta es vecina,
Que yace en ella la robusta encina,
Mariposa en cenizas desatada.

Llegó, pues, el mancebo, y saludado,
Sin ambición, sin pompa de palabras,
De los conducidores fue de cabras,
Que a Vulcano tenían coronado.

«¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora,
Templo de Pales, alquería de Flora!
No moderno artificio
Borró designios, bosquejó modelos,
Al cóncavo ajustando de los cielos
El sublime edificio;
Retamas sobre robre
Tu fábrica son pobre,
Do guarda, en vez de acero,
La inocencia al cabrero
Más que el silbo al ganado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!

»No en ti la ambición mora
Hidrópica de viento,
Ni la que su alimento
El áspid es gitano;
No la que, en bulto comenzando humano,
Acaba en mortal fiera,
Esfinge bachillera,
Que hace hoy a Narciso
Ecos solicitar, desdeñar fuentes;
Ni la que en salvas gasta impertinentes
La pólvora del tiempo más preciso:
Ceremonia profana
Que la sinceridad burla villana
Sobre el corvo cayado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!

»Tus umbrales ignora
La adulación, Sirena
De reales palacios, cuya arena
Besó ya tanto leño:
Trofeos dulces de un canoro sueño,
No a la soberbia está aquí la mentira
Dorándole los pies, en cuanto gira
La esfera de sus plumas,
Ni de los rayos baja a las espumas
Favor de cera alado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!»

No, pues, de aquella sierra —engendradora
Más de fierezas que de cortesía—
La gente parecía
Que hospedó al forastero
Con pecho igual de aquel candor primero,
Que, en las selvas contento,
Tienda el fresno le dio, el robre alimento.

Limpio sayal en vez de blanco lino
Cubrió el cuadrado pino;
Y en boj, aunque rebelde, a quien el torno
Forma elegante dio sin culto adorno,
Leche que exprimir vio la Alba aquel día
—Mientras perdían con ella
Los blancos lilios de su frente bella—,
Gruesa le dan y fría,
Impenetrable casi a la cuchara,
Del viejo Alcimedón invención rara.

El que de cabras fue dos veces ciento
Esposo casi un lustro —cuyo diente
No perdonó a racimo aun en la frente
De Baco, cuanto más en su sarmiento,
Triunfador siempre de celosas lides,
Le coronó el Amor; mas rival tierno,
Breve de barba y duro no de cuerno,
Redimió con su muerte tantas vides—;
Servido ya en cecina,
Purpúreos hilos es de grana fina.

Sobre corchos después, más regalado
Sueño le solicitan pieles blandas
Que al Príncipe entre Holandas
Púrpura Tiria o Milanés brocado.
No de humosos vinos agravado
Es Sísifo en la cuesta, si en la cumbre
De ponderosa vana pesadumbre
Es, cuanto más despierto, más burlado.
De trompa militar no, o destemplado
Son de cajas, fue el sueño interrumpido;
De can sí, embravecido
Contra la seca hoja
Que el viento repeló a alguna coscoja.

Durmió, y recuerda al fin cuando las aves
—Esquilas dulces de sonora pluma
Señas dieron suaves
Del Alba al Sol, que el pabellón de espuma
Dejó, y en su carroza
Rayó el verde obelisco de la choza.

Agradecido, pues, el peregrino,
Deja el albergue y sale acompañado
De quien lo lleva donde, levantado,
Distante pocos pasos del camino,
Imperïoso mira la campaña
Un escollo, apacible galería,
Que festivo teatro fue algún día
De cuantos pisan, Faunos, la montaña.
Llegó, y a vista tanta
Obedeciendo la dudosa planta,
Inmóvil se quedó sobre un lentisco,
Verde balcón del agradable risco.

Si mucho poco mapa le despliega,
Mucho es más lo que, nieblas desatando,
Confunde el Sol y la distancia niega.



Luis de Góngora y Argote, 1614

 

 

 

 

 

Prisión del nácar era articulado

de mi firmeza un émulo luciente,

un dïamante, ingenïosamente

en oro también él aprisionado.

 

Clori, pues que a su dedo apremïado

de metal, aun precioso, no consiente,

gallarda un día, sobre impacïente,

lo redimió del vínculo dorado.

 

Mas ¡ay!, que insidïoso latón breve

en los cristales de su bella mano

sacrílego divina sangre bebe:

 

púrpura ilustró menos indïano

marfil, invidïosa sobre nieve

claveles deshojó la Aurora en vano.

 

 

 

--Mira, Zaide, que te digo    que no pases por mi calle,

2

no hables con mis mujeres,    ni con mis cautivos trates,

 

no preguntes en qué entiendo    ni quién viene a visitarme,

4

qué fiestas me dan contento    ni qué colores me aplacen;

 

basta que son por tu causa    las que en el rostro me salen,

6

corrida de haber mirado    moro que tan poco sabe.

 

Confieso que eres valiente,    que hiendes, rajas y partes,

8

y que has muerto más cristianos    que tienes gotas de sangre;

 

que eres gallardo ginete,    que danzas, cantas y tañes,

10

gentilhombre, bien criado    cuanto puede imaginarse;

 

blanco, rubio por extremo,    señalado entre linajes,

12

el gallo de los bravatos,    la nata de los donaires;

 

que pierdo mucho en perderte    y gano mucho en ganarte,

14

y que si nacieras mudo    fuera posible adorarte;

 

mas por ese inconviniente    determino de dejarte,

16

que eres pródigo de lengua    y amargan tus liviandades;

 

habrá menester ponerte    la que quisiere llevarte

18

un alcázar en los pechos    y en los labios un alcaide.

 

Mucho pueden con las damas    los galanes de tus partes,

20

porque los quieren briosos,    que hiendan y que desgarren;

 

mas con esto, Zaide amigo,    si algún banquete les hacen

22

del plato de sus favores    quieren que coman y callen.

 

Costoso me fue el que heciste;    qué dichoso fueras, Zaide,

24

si conservarme supieras    como supiste obligarme.

 

Mas no bien saliste apenas    de los jardines de Atarfe,

26

cuando heciste de la mía    y de tu desdicha alarde.

 

A un morillo mal nacido    he sabido que enseñaste

28

la trenza de mis cabellos    que te puse en el turbante.

 

No quiero que me la vuelvas,    ni que tampoco la guardes,

30

mas quiero que entiendas, moro,    que en mi desgracia la traes.

 

También me certificaron    cómo le desafiaste

32

por las verdades que dijo,    que nunca fueran verdades.

 

De mala gana me río;    ¡qué donoso disparate!

34

No guardaste tu secreto    ¿y quieres que otro lo guarde?

 

No puedo admitir disculpa,    otra vez tomo [a] avisarte

36

que ésta será la postrera    que te hable y que me hables--.

 

Dijo la discreta Zaida    al gallardo Abencerraje,

38

y al despedirse replica    --Quien tal hace, que tal pague.--

 

Soneto


Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otro tienes de tu igual decoro;
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

Ponle su esquila de labrado estaño
y no le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro
que a las primeras yerbas cumple un año.

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su dueño.

61

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
 
 
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
 
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,        5
pues no te abrí!  ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
 
¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,               10
verás con cuánto amor llamar porfía!
 
¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos --respondía--,
para lo mismo responder mañana!
 
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1  2  3  4   5   6  7  8    9 10        + 1 = 11
¿Qué tengo yo que mi_amistad pro-curas?
 
1   2 3   4  5  6  7   8 9  10           + 1 = 11
¿Qué_interés se te sigue, Jesús -o
 
1   2   3  4   5  6  7  8  9 10           + 1 = 11
que_a mi puerta, cubierto de ro--o,
 
1 2   3   4  5   6  7   8   9  10           + 1 = 11
pasas las noches del invierno_escuras?
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD
 
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?       A
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío            B
que a mi puerta, cubierto de rocío,            B
pasas las noches del invierno escuras?         A
 
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,       A
pues no te abrí!  ¡Qué estraño desvarío        B
si de mi ingratitud el yelo frío               B
secó las llagas de tus plantas puras!          A
 
¡Cuántas veces el ángel me decía:            C
Alma, asómate agora a la ventana,              D
verás con cuánto amor llamar porfía!           C
 
¡Y cuántas, hermosura soberana:              D
Mañana le abriremos --respondía--,             C

para lo mismo responder mañana!                D

 

Un soneto me manda hacer Violante,

que en mi vida me he visto en tal aprieto;

catorce versos dicen que es soneto:

burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

Lope de Vega.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
 
Era un reloj de sol mal encarado,                   5
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
 
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,                         10
las doce Tribus de narices era.
 
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
 
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1 2  3    4     5   6  7 8   9 10    + 1 = 11
Érase_un hombre_a_una nariz pe-gado,
 
1 2  3  4  5 6   7 8  9 10             + 1 = 11
érase_una nariz superla-tiva,
 
1 2  3  4  5 6   7 8   9   10          + 1 = 11
érase_una nariz sayón y_escriba,
 
1 2  3    4  5   6 7  8   9 10         + 1 = 11
érase_un peje_espada muy barbado.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD
 
Érase un hombre a una nariz pegado,       A
érase una nariz superlativa,                B
érase una nariz sayón y escriba,            B
érase un peje espada muy barbado.           A
 
Era un reloj de sol mal encarado,         A
érase una alquitara pensativa,              B
érase un elefante boca arriba,              B
era Ovidio Nasón más narizado.              A
 
Érase un espolón de una galera,           C
érase una pirámide de Egito,                D
las doce Tribus de narices era.             C
 
Érase un naricísimo infinito,             D
muchísimo nariz, nariz tan fiera            C
que en la cara de Anás fuera delito.        D
 

Fue sueÑo ayer, maÑana serÁ tierra...
Fue sueño ayer, mañana será tierra.               
¡Poco antes nada, y poco después humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo               
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,               
en mi defensa, soy peligro sumo,
y mientras con mis armas me consumo,               
menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa y es y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.
              
Azadas son la hora y el momento
que a jornal de mi pena y mi cuidado               
cavan en mi vivir mi monumento.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Francisco de Quevedo y Villegas

Mujer puntiaguda con enaguas


   Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;

 

 

 

si pirámide andante, vete a Egipto;

 

 

 

si peonza al revés, trae sobrescrito;

 

 

 

si pan de azúcar, en Motril te encajo.

 

 


Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?

5

 

 

Si de disciplínate mal contrito

 

 

 

eres el cucurucho y el delito,

 

 

 

llámente los cipreses arrendajo.

 

 


Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?

 

 

 

Si cubilete, saca el testimonio;

10

 

 

si eres coraza, encájate en las viejas.

 

 


Si buida visión de San Antonio,

 

 

 

llámate doña Embudo con guedejas;

 

 

 

si mujer, da esas faldas al demonio.

 

 

 

Francisco de Quevedo

(1580-1645)
 
 
Miré los muros
 
 
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
 
Salíme al campo: vi que el sol bebía          5
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
 
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,             10
mi báculo más corvo y menos fuerte.
 
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1 2  3   4 5   6  7  8   9 10      + 1 = 11
Miré los muros de la patria -a,
 
1     2  3   4  5   6  7  8 9 10    + 1 = 11
si_un tiempo fuertes ya desmoro-nados
 
1  2  3  4 5  6   7  8   9 10        + 1 = 11
de la carrera de la_edad cansados
 
1     2   3 4 5  6  7  8 9 10        + 1 = 11
por quien caduca ya su valen-a.
 
 
Rima:  Rima perfecta, con el esquema: ABBA ABBA CDE CDE
 
 
Miré los muros de la patria mía,            A
si un tiempo fuertes ya desmoronados          B
de la carrera de la edad cansados             B
por quien caduca ya su valentía.              A
 
Salíme al campo: vi que el sol bebía        A
los arroyos del hielo desatados,              B
y del monte quejosos los ganados              B
que con sombras hurtó su luz al día.          A
 
Entré en mi casa: vi que amancillada        C
de anciana habitación era despojos,           D
mi báculo más corvo y menos fuerte.           E
 
Vencida de la edad sentí mi espada,         C
y no hallé cosa en que poner los ojos         D
que no fuese recuerdo de la muerte.           E
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS SIGLO DE ORO Y ROSALIA ( MODALIDAD 2010)

DOSIER LITERATURA CASTELLANA CURSO 2009/2010

 

1. Antología poética del Siglo de Oro *

2. Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote *

3. Tirso de Molina, El burlador de Sevilla

4. Rosalía de Castro, Antología poética*

5. Miguel Delibes, Cinco horas con Mario

6. Enrique Jardiel Poncela, Eloísa está debajo de un almendro

 

Antología poética del Siglo de Oro

1. Garcilaso de la Vega, “En tanto que de rosa y azucena”

2. Garcilaso de la Vega, “Si de mi baja lira

3. Garcilaso de la Vega, “Escrito está en mi alma vuestro gesto”

4. Garcilaso de la Vega, “¡Oh dulces prendas por mi mal halladas”

5. Fray Luis de León, “¡Qué descansada vida…

6. Fray Luis de León, “Recoge ya en el seno

7. Fray Luis de León, “Alma región luciente”

8. San Juan de la Cruz, “Noche oscura”

9. San Juan de la Cruz, “Llama de amor viva”

10. San Juan de la Cruz, “Tras de un amoroso lance”

11. Luis de Góngora, “La más bella niña / de nuestro lugar”

12. Luis de Góngora, “Ándeme yo caliente y ríase la gente”

13. Luis de Góngora, “Amarrado al duro banco de una galera turquesca”

14. Luis de Góngora, “Soledad primera”, 1-61.

15. Luis de Góngora, “Prisión del nácar era articulado”

16. Lope de Vega, “Mira, Zaide, que te aviso”

17. Lope de Vega, “Suelta mi manso, mayoral extraño”

18. Lope de Vega, “Ir y quedarse y, con quedar, partirse”

19. Lope de Vega, “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”

20. Lope de Vega, “Un soneto me manda hacer Violante”

21. Francisco de Quevedo, “Érase un hombre a una nariz pegado”

22. Francisco de Quevedo, “¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!”

23. Francisco de Quevedo, “Madre, yo al oro me humillo”

24. Francisco de Quevedo, “Si eres campana, ¿dónde está el badajo?”

25. Francisco de Quevedo, “Miré los muros de la patria mía”

 

Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote. Capítols seleccionats

PRIMERA PARTE

PRÓLOGO

CAPÍTULO 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la

Mancha.

CAPÍTULO 7. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 8. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás

imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el

valiente manchego tuvieron.

CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de

famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con

otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero.

CAPÍTULO 22. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado

los llevaban donde no quisieran ir.

CAPÍTULO 25. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente

caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.

CAPÍTULO 31. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho

Panza, su escudero, con otros sucesos.

CAPÍTULO 44. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.

SEGUNDA PARTE

PRÓLOGO

CAPÍTULO 3. Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, Sancho Panza y el

bachiller Sansón Carrasco.

CAPÍTULO 10. Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora

Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.

CAPÍTULO 23. De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto

en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta

aventura por apócrifa.

CAPÍTULO 29. De la famosa aventura del barco encantado.

CAPÍTULO 41. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura.

CAPÍTULO 48. De lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la dueña de la

duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna.

CAPÍTULO 62. Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no

pueden dejar de contarse.

CAPÍTULO 64. Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas

hasta entonces le habían sucedido.

CAPÍTULO 73. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, con otros sucesos

que adornan y acreditan esta grande historia.

CAPÍTULO 74. De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte.

 

Rosalía de Castro, Antología Poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. Las campanas. “Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes”

 

 

 

Rosalía de Castro, Antología poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”.

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. “Las campanas. Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes

 

 

 

 

VII

 

Ya que de la      esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
la blanca luz del día.
              
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
y mi alma en su desierto.

 

ERA APACIBLE EL DÍA...

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
              
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!
              
Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
              
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
              
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
              
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
              
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Mas... es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.
              
Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.
              
Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!
              
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.
              
Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.
              
Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.
              
Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.
              
De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

 

 

Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitar el polo.

 

Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

 

Sedientas las arenas, en la playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe…? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

 

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra
cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;
y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

 

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

 

Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,
sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.

 

 

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

 

Fue cielo de su espíritu, fue sueño de sus sueños,
y vida de su vida, y aliento de su aliento;
y fue, desde que rota cayó la venda al suelo,
algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa,
siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;
que no ha de tener término sino cuando, cerrados,
ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.

EN SUS OJOS RASGADOS ....


En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra

de todos los males.


En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,

risueños, fugaces...,

cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis

 

En el alma llevaba un pensamiento,
una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo,
fresca brotó de súbito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.

 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

 

A la luna

I

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

 

 

LAS CAMPANAS

 

   Yo las amo, yo las
oigo,/

cual oigo el rumor del viento,/

el murmurar de la fuente/

o el balido del cordero./

   Como los pájaros,
ellas,/

tan pronto asoma en los cielos/

el primer rayo del alba,/

 le saludan con tus
ecos/

Y en sus notas, que van prolongándose/

por los llanos y los cerros,/

hay algo de candoroso,/

de apacible y de halagüeño./

   Si por siempre
enmudecieran,/

(…)/

 

 

 

En la altura los cuervos graznaban,
los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo
en los ecos de tal sinfonía;
algo negro, fantástico y mudo
que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,
esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,
del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron

 

Aún otra amarga gota en el mar sin orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,
débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,
ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.

 

No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás le bastará una dicha.

Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.

 

HORA TRAS HORA, DÍA TRAS DÍA

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
        Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
        Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
        Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
        En dónde, alma mía?

 

 

Cantares galegos

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.

I I

Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.

 

Cando de lonxe vos oio

penso que por min chamades

e das entrañas me doio.

 

Dóiome de dór ferida,

que antes tiña vida enteira

e hoxe teño media vida.

 

só media me deixaron

os que de aló me trouxeron,

os que de aló me roubaron.

 

Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,

¡ai!, uns toliños amores.

 

Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

de pena me consumiron. Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.

 

Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.

 

Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.

 

Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.

 

No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.

 

Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron...

de pena me consumieron.

II II

Aló pola mañanciña

subo enriba dos outeiros

lixeiriña, lixeiriña.

 

Como unha craba lixeira,

para oir das campaniñas

a batalada primeira.

 

A primeira da alborada

que me traen os airiños

por me ver máis consolada.

 

Por me ver menos chorosa,

nas suas alas ma traen

rebuldeira e queixumbrosa.

 

Queixumbrosa e retembrando

por antre verde espesura,

por antre verde arborado.

 

E pola verde pradeira,

por riba da veiga llana,

rebuldeira e rebuldeira. Allá por la mañanita

subo sobre los oteros

ligerita, ligerita.

 

Como una cabra ligera

para oir de las campanas

la campanada primera.

 

La primera de la alborada

que me traen los aires

por verme más consolada.

 

Por verme menos llorosa,

en sus alas me la traen

retozona y quejumbrosa.

 

Quejumbrosa y temblando

entre la verde espesura,

entre la verde arboleda.

 

Y por la verde pradera,

sobre la vega llana,

juguetona y juguetona.

III III

Paseniño, paseniño

vou pola tarde calada

de Bastabales camiño.

 

Camiño do meu contento;

i en tanto o sol non se esconde

nunha pedriña me sento.

 

E sentada estou mirando

como a lua vai saíndo,

como o sol se vai deitando.

 

Cal se deita, cal se esconde

mentras tanto corre a lua

sin saberse para donde.

 

Para donde vai tan soia

sin que aos tristes que a miramos

nin nos fale nin nos oia.

 

Que si oira e nos falara,

moitas cousas lle dixera,

moitas cousas lle contara. Despacito, despacito

voy por la tarde callada

de Bastabales camino.

 

Camino de mi contento;

y en tanto el sol no se esconde

en una piedrita me siento.

 

y sentada estoy mirando

como la luna va saliendo,

como el sol se va poniendo.

 

Cual se acuesta, cual se esconde

mientras tanto corre la luna

sin saberse para dónde.

 

Para dónde va tan sola

sin que a los tristes que la miramos

ni nos hable ni nos oiga

 

Que si oyera y nos hablara

muchas cosas le dijera,

muchas cosas le contara.

IV IV

Cada estrela, o seu diamante;

cada nube, branca pruma;

triste a lúa marcha diante.

 

Diante marcha crarexando

veigas, prados, montes, ríos,

onde o día vai faltando.

 

Falta o día e noite escura

baixa, baixa, pouco a pouco,

por montañas de verdura.

 

De verdor e de follaxe,

salpicada de fontiñas

baixo a sombra do ramaxe.

 

Do ramaxe donde cantan

paxariños piadores,

que ca aurora se levantan.

 

Que ca noite se adormecen

para que canten os grilos

que cas sombras aparecen. Cada estrella, su diamante;

cada nube, blanca pluma;

triste la luna marcha delante.

 

Delante marcha clareando

vegas, prados, montes ríos,

donde el día va faltando

 

Falta el día y noche oscura

baja, baja, poco a poco,

por montañas de verdor.

 

De verdor y de follaje,

salpicada de fuentecillas

bajo la sombra del ramaje.

 

Del ramaje donde cantan

pajarillos piadores,

que con la aurora se levantan.

 

Que con la noche se adormecen

para que canten los grillos

que con las sombras aparecen.

V V

Corre o vento, o río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camiño da miña casa.

 

Miña casa, meu abrigo,

vanse todos, eu me quedo

sin compaña nin amigo.

 

Eu me quedo contemprando

as laradas das casiñas

por quen vivo sospirando.

 

..............................

 

Ven a noite..., morre o día,

as campanas tocan lonxe

o tocar do Ave María.

 

Elas tocan pra que rece;

eu non rezo que os saloucos

afogándome parece

que por mín tén que rezar.

 

Campanas de bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Corre el viento, el río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

 

Mi casa, mi abrigo,

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

 

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

 

................................

 

Viene la noche..., muere el día,

las campanas tocan lejos

las notas del Ave María.

 

Ellas tocan para que rece;

yo no rezo que los sollozos

ahogándome parece

que por mi tienen que rezar.

 

Campanas de Bastabales

cando vos oio tocar,

me muero de añoranzas.

 

 

Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...
.........................................
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'é miña,
que hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ó que naceu desdichado.
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adios Virxe da Asunción,
branca como un serafín;
lévovos no corazón:
Pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!,¡meu lar!

 

 

 

 

 

Soneto XXIII
 
 
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
 
y en tanto que el cabello, que en la vena      5
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
 
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       10
cubra de nieve la hermosa cumbre;
 
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
 
 

Si de mi baja lira                                        7 a
tanto pudiese el son, que en un momento  11 B
aplacase la ira                                            7 a
del animoso viento,                                    7 b
y la furia del mar en movimiento                11B

y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese,
y al son confusamente los trujiese;

no piensen que cantado
seria de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo, y sangre, y de sudor teñido;

ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados.

Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada;

y cómo por ti sola,
y por tu gran valor y hermosura,
convertida en vïola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.

Hablo de aquel cativo,
de quien tener se debe más cuidado,
que está muriendo vivo,
el remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.

Por ti, como solía,
del áspero caballo no corrige
la furia y gallardía,
ni con freno la rige
ni con vivas espuelas ya le aflige.

Por ti, con diestra mano
no revuelve la espada presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra, como sierpe ponzoñosa.

SONETO V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Soneto X
 
 
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.
 
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas        5
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
 
Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,         10
llevadme junto el mal que me dejastes.
 
Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
 
 
 
Fecha:  C. 1534 (después de la muerte de su amada Isabel Freyre)
 
Vocabulario:
prendas - souvenirs (object that belonged to or was a gift from
the dead person)
me llevastes - you took away from me
habíais de ser - you would (turn out to) be
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1   2  3    4  5    6   7  8   9 10      + 1 = 11
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
 
1  2   3  4  5    6  7   8    9 10         + 1 = 11
dulces y_alegres cuando Dios querí-a!
 
1  2  3  4   5   6  7 8  9 10              + 1 = 11
Juntas estáis en la memoria mí-a,
 
1  2  3   4    5   6  7  8  9 10            + 1 = 11
y con ella_en mi muerte conju-radas.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD

ODA I - VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León

 

 

ODA XI - AL LICENCIADO JUAN DE GRIAL

Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.

Ya Febo inclina el paso
al resplandor egeo; ya del día
las horas corta escaso;
ya Éolo al mediodía,
soplando espesas nubes nos envía;

ya el ave vengadora
del Íbico navega los nublados
y con voz ronca llora,
y, el yugo al cuello atados,
los bueyes van rompiendo los sembrados.

El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer llama;

alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo gana
la cumbre del collado
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana;

no cures si el perdido
error admira el oro y va sediento
en pos de un bien fingido,
que no ansí vuela el viento,
cuanto es fugaz y vano aquel contento;

escribe lo que Febo
te dicta favorable, que lo antiguo
iguala y pasa el nuevo
estilo; y, caro amigo,
no esperes que podré atener contigo,

que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.

Fray Luis de León

ODA XIII - DE LA VIDA DEL CIELO

Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente
fallece; fértil suelo,
producidor eterno de consuelo:

de púrpura y de nieve
florida, la cabeza coronado,
y dulces pastos mueve,
sin honda ni cayado,
el Buen Pastor en ti su hato amado.

Él va, y en pos dichosas
le siguen sus ovejas, do las pace
con inmortales rosas,
con flor que siempre nace
y cuanto más se goza más renace.

Y dentro a la montaña
del alto bien las guía; ya en la vena
del gozo fiel las baña,
y les da mesa llena,
pastor y pasto él solo, y suerte buena.

Y de su esfera, cuando
la cumbre toca, altísimo subido,
el sol, él sesteando,
de su hato ceñido,
con dulce son deleita el santo oído.

Toca el rabel sonoro,
y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa
y lanza en aquel bien libre de tasa.

¡Oh, son! ¡Oh, voz!  Siquiera
pequeña parte alguna decendiese
en mi sentido, y fuera
de sí la alma pusiese
y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,

conocería dónde
sesteas, dulce Esposo, y, desatada
de esta prisión adonde
padece, a tu manada
viviera junta, sin vagar errada.

La noche oscura
 
 
Canciones del alma que se goza de haber llegado al
alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.
 
 
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.                     5
 
A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.                     10
 
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.                 15
 
Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.                    20
 
¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!                  25
 
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.               30
 
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.                  35
 
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.                     40
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

Fecha:  C. 1577
 
Vocabulario:
sosegada - tranquil, at peace
a oscuras - in the dark
escala - stairs, ladder
disfrazada - disguized
alborada - dawn
regalaba - caressed
ventalle de cedros - cedar(-branch) fan
esparcía - spread out
hería - touched (lit. wounded)
almena - ramparts, battlements
dejéme - I let myself go
cuidado - cares, concerns
azucenas - (white) lilies
 
 
Estrofa:  Lira (estrofa con 5-7 versos de once y de siete sílabas, con
rima perfecta).  Aquí se emplea el esquema: aBabB
 
 
Sílabas:
 
1  2 3  4   5   6              + 1 = 7
En una noche_oscura,
 
1  2   3  4  5 6 7  8   9 10    + 1 = 11
con ansias en amores inflamada,
 
1   2  3 4  5  6               + 1 = 7
(¡oh dichosa ventura!)
 
1 2  3   4   5 6                + 1 = 7
salí sin ser notada,
 
1  2  3  4  5  6 7  8 9 10       + 1 = 11
estando ya mi casa sose-gada.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema aBabB
 
En una noche oscura,               a
con ansias en amores inflamada,      B
(¡oh dichosa ventura!)               a
salí sin ser notada,                 b
estando ya mi casa sosegada.         B
 

 

San Juan de la Cruz

(1542-1591)
 
 
Llama de amor viva
 
 
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,                           5
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
 
¡Oh cauterio süave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe                         10
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.
 
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,            15
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
color y luz dan junto a su querido!
 
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno                           20
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

 
Estrofa:  Lira (estrofa con 5-7 versos de once y de siete sílabas, con
rima perfecta).  Aquí se emplea el esquema: abCabC
 
 
Sílabas:  Versos de siete y de once sílabas
 
1    2 3   4  5   6                + 1 = 7
¡Oh llama de_amor viva
 
1   2  3 4   5  6                   + 1 = 7
que tiernamente_hieres
 
1   2   3   4  5   6    7 8  9 10    + 1 = 11    [hiato]*
de mi_alma | en el más profundo centro!
 
1   2   3  4  5   6                 + 1 = 7
Pues ya no_eres esquiva
 
1 2 3  4  5    6                      + 1 = 7
acaba ya si quieres,
 
1  2  3  4 5   6   7  8   9   10    + 1 = 11
¡rompe la tela de_este dulce_encuentro!
 
 
* José María Ortega prefiere otra versión de esta linea:
1  2   3   4   5   6    7 8  9 10     + 1 = 11    [hiato entre mi y alma]
de mi | alma_en el más profundo centro!
 
 
Rima:  Rima perfecta, con el esquema abCabC
 
¡Oh llama de amor viva                       a
que tiernamente hieres                         b
de mi alma en el más profundo centro!          C
Pues ya no eres esquiva                        a
acaba ya si quieres,                           b
¡rompe la tela de este dulce encuentro!        C
 

Tras de un amoroso lance

San Juan de la Cruz

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.

Dejadme llorar
Orillas del mar.



Luis de Góngora y Argote, 1580

Comente este poema de Góngora, prestando especial atención al contenido y a sus componentes tradicionales. [5 puntos: 3 para el contenido y 2 para la capacidad de argumentar y estructurar coherentemente el comentario.]

Luis de Góngora: Ándeme yo caliente y ríase la gente.

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días 5
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
(1)
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla 10
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
(2)
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
(3)
que en el asador reviente, 15
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 20
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
(4)
y ríase la gente.
Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
(5) 25
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
(6)
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 30
Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
(7)
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 35
la blanca o roja corriente,
(8)
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 40
do se juntan ella y él,
(9)
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

ACLARACIONES SOBRE VOCABULARIO (vienen incluidas en el propio examen).
1. naranjada: mermelada de naranja.
2. Las mil preocupaciones (cuidados) del príncipe, no tendrán solución
(como píldoras dorados) por comer con vajilla dorada.
3. quiero más: prefiero.
4. Por las patrañas o cuento del Rey que rabió se entiende cualquier cuento antiguo o de tradición oral.
5. Nuevos continentes o países, para comerciar y amasar fortunas.
6. Filomena: el ruiseñor.
7. Leandro pasaba cada noche a nado el estrecho de Dardanelos para encontrarse a su amada Hero, hasta que una noche muere ahogado y ella se suicida tirándose al mar también. Góngora se burla de estos desgraciados amantes y de los que vienen a continuación.
8. Tragarme el vino blanco o tinto.
9. Las ropas ensangrentadas de Píramo hacen suponer a Tisbe que ha muerto, por lo que se suicida clavándose una espada, en la que también se ensarta él cuando la ve.Por eso la espada es el lecho conyugal (tálamo) de los amantes. Góngora se burla de ello en la conclusión del poema.

Características del examen. El enunciado del examen (año 2004) puede inducir a error, pues en este caso no se trata sólo de esclarecer el significado del poema.
El enunciado habla de que hay que prestar especial atención también a “sus componentes tradicionales” y ahí entra la métrica y el análisis del estilo.
De todas formas, hay que pensar que esto es sólo una parte del ejercicio (hay otras preguntas en el examen aparte del comentario), por lo que no hay que hacer un comentario excesivamente analítico. Por tanto, deben comentarse, aparte del contenido, la métrica de modo perfecto (lo ideal a estas alturas, claro, es que el alumno no tuviera que medir cada verso para identificar la letrilla (y el villancico) y los rasgos estilísticos fundamentales. Teniendo en cuenta que se deben comentar los que muestren la naturaleza “tradicional” del poema, no cualquier recurso literario.
Tres de los cinco puntos serán, por tanto, para el análisis de la métrica y para el análisis estilístico y temático, sin perder de vista que todo debe orientarse a la premisa de mostrar los rasgos (métricos, estilisticos o temáticos) “tradicionales” de los que habla el enunciado. Los dos puntos restantes, como ya dice el mismo enunciado, se asignan en este caso de acuerdo con el nivel de redacción, la capacidad de argumentación, la coherencia del discurso, la fluidez, corrección y madurez expresiva y, en definitiva, la cohesión y articulación del comentario.

COMENTARIO

En esta letrilla, podríamos decir que lo que Góngora lleva a cabo es, en definitiva, una versión satírica del tópico del Beatus ille, sirviéndose para ello de un motivo tradicional, del cual provienen los versos que encabezan la composición: “Ándeme yo caliente/ y ríase la gente“.
En efecto, el contenido fundamental del poema, no es otro que una deformación burlesca de aquellos motivos con los cuales solía desarrollarse convencionalmente ese tópico clásico cuya fuente última suele ser Horacio y su poema del mismo título, Beatus ille, que había versionado fray Luis de León en su celebérrimo poema “Oda a la vida retirada”.
Ahora bien, lo que Horacio elegantemente expone en su ÉpodoII “Beatus ille qui procul negotiis…“, es una exaltación del ideal epicúreo (lindante con el estoicismo) de la sobriedad y la austeridad de una vida sencilla alejada de todo afán o preocupación.
Tan nobles ideales, en la irreverente letrilla de Góngora dan paso a un desenfadado canto hedonista que debemos poner en relación con los contrastes del barroco. Frente a la reflexión pesimista sobre la vida, un vitalismo burlón, aunque también nihilista, como el que le da tono a este poema.
Góngora es universalmente conocido por ese elaborado arte cubierto con la etiqueta de culteranismo, pero no es menos cierto que posee otra faceta: la de cultivador y revitalizador de la poesía tradicional. Tuvo un papel destacado en la revitalización del romance que se llevó a cabo en el barroco. También participó en la renovación del villancico y la letrilla.
Hasta que llegó a sus manos, esta forma métrica había sido un género menor limitado a temas religiosos o rústicos y vulgares. Góngora empezó a cultivar la letrilla en 1581 y la convirtió en un vehículo idóneo para expresar la sátira burlesca. Observemos en el poema que comentamos, cómo Góngora funde elementos tradicionales y cultos, aunando ambos para redoblar su intención burlesca. Parte, como hiciera en otras letrillas, de un refrán, pero a lo largo del poema la chispa humorística salta por la colisión entre elementos populares y alusiones más o menos zafias y grotescas a referentes mitológicos. El propio tema elegido es culto y Góngora lo pasa por el filtro de la poesía tradicional, lo que en sí mismo es uan propuesta provocadora.
Recordemos que la letrilla, básicamente, no era otra cosa que un villancico de tono satírico. El villancico era una forma estrófica derivada del zéjel, que había sido inventado en el siglo X por el poeta hispanomusulmán Mucáddamben Muafa.
La estructura métrica común a todos ellos, reducida a su esencia, consiste en concebir el poema como formado por un estribillo y un píe. En el pie es donde están la mudanza, la vuelta y la repetición del propio estribillo.
Originalmente, todo ello estaba pensado para el canto y el baile. El solista cantaba la mudanza y el verso de vuelta.El coro, tras el verso de vuelta, intervenía cantando el estribillo, entero o en parte, según los casos. La diferencia entre el zéjel y el villancico viene marcada, esencialmente por la diferente extensión de cada una de las partes.
Pero, como decimos, la letrilla, básicamente, no es más que una variante satírica del villancico. En el caso del poema que nos ocupa, la mudanza la forma una sextilla, seis versos octosílabos, cuya rima, consonante, debe seguir ciertas pautas: todos los versos deben tener rima, no pueden rimar más de dos seguidos y los dos últimos no pueden formar pareado. Teniendo todo esto en cuenta, esta es la disposición métrica de la letrilla de Góngora:

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.
(Estribillo)

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno, (Cuatro versos de mudanza)
y las mañanas de invierno (Enlace)
naranjada y aguardiente, (Vuelta)
y ríase la gente, (Estribillo)

En cuanto al contenido, lo singular de la letrilla es precisamente la conjunción entre lo tradicional y lo culto. El poeta toma un refrán popular y a partir de él desarrolla el poema de forma jocosa deformando un tópico de la literatura culta.
La estructura del poema se organiza en torno a los diversos motivos de este tópico, el Beatus ille, que el poeta satiriza. De manera que, tras el estribillo inicial, el primer apartado (veros 3 a 16) tienen como núcleo significativo el desprecio burlón del poder y del lujo. El poeta desprecia la pompa del poder y prefiere una vida humilde, apegada a los placeres sencillos.
En el segundo apartado se podrían integrar las dos siguientes series (versos 16 a 30), si entendemos también que la segunda, se antepone a la primera y la complementa. Prefiere estar entretenido ya salvo de los rigores del clima, y renuncia desdeñosamente a la ambición, el enriquecimiento o las grandes empresas en general.
En el tercer apartado, la dos últimas series (vv.31 a 44), ridiculiza el amor y lo cambia por los placeres de la mesa.
En cuanto al estilo, evidentemente estamos muy lejos de la poesía hiperculta que Góngora, como sabemos, llevó a extremos insuperables.
La letrilla destaca por la sencillez expresiva. Merece la pena destacarse en el apartado léxico, la presencia en el poema de palabras como “morcilla, mantequilla, bellotas, castañas”, etc. Es el resultado lógico de elevar a ideal de vida esa dorada medicocridad de lo cotidiano.
Sobresale tambiénen el poema el uso de la metonimia, pues el poeta se sirve de ella a lo largo de todo el poema para ir acentuando el contraste entre las dos actitudes ante la vida que contrapone.”Morcilla, mantequilla, bellotas, castañas” y otros elementos similares, concretan así el atractivo contenido del modo de vida que resulta mejor valorado en la letrilla.
Como ya señalaran Dámaso Alonso y Robert Jammes, el contraste entre los valores ideales de la sociedad y el mundo real marca todas las letrillas de Góngora y esta es un buen ejemplo pues está articulada en torno a él.
La letrilla recoge perfectamente el espíritu de la poesía tradicional, revitalizado, como decimos. El empleo de giros y expresiones del lenguaje coloquial es otra muestra de ello. Así lo vemos en diversos momentos como en la alusión a “el Rey que rabió” o “muy en hora buena”".
En cuanto a las metáforas, estamos lejos del esplendor metafórico del Góngora característico en poemas de registro culto. HAy pocas metáforas y forman parte del apartato humorístico del poema. Así “el golfo” de su lagar, del cual mana el vino o la burlona equiparación del tálamo de los enamorados a la espada y, por supuesto, la hilarante transformación del pastel en Tisbe.
Podría añadirse la graciosa personificación según la cual gobiernan sus días “mantequillas y pan tierno”.
En definitiva, es un estilo en el que domina la sencillez y el gracejo, igual que en otros aspectos del texto, con lo cual se integra perfectamente en la tradición poética que pretende recrear.

Amarrado al duro banco

De una galera turquesca,

Ambas manos en el remo

Y ambos ojos en la tierra,

 

Un forzado de Dragut

En la playa de Marbella

Se quejaba al ronco son

Del remo y de la cadena:

 

«¡Oh sagrado mar de España,

Famosa playa serena,

Teatro donde se han hecho

Cien mil navales tragedias!,

 

»Pues eres tú el mismo mar

Que con tus crecientes besas

Las murallas de mi patria,

Coronadas y soberbias,

 

»Tráeme nuevas de mi esposa,

Y dime si han sido ciertas

Las lágrimas y suspiros

Que me dice por sus letras;

 

»Porque si es verdad que llora

Mi captiverio en tu arena,

Bien puedes al mar del Sur

Vencer en lucientes perlas.

 

»Dame ya, sagrado mar,

A mis demandas respuesta,

Que bien puedes, si es verdad

Que las aguas tienen lengua,

 

»Pero, pues no me respondes,

Sin duda alguna que es muerta,

Aunque no lo debe ser,

Pues que vivo yo en su ausencia.

 

»¡Pues he vivido diez años

Sin libertad y sin ella,

Siempre al remo condenado

A nadie matarán penas!»

 

En esto se descubrieron

De la Religión seis velas,

Y el cómitre mandó usar

Al forzado de su fuerza.

SOLEDAD PRIMERA
      (Parte I)

Era del año la estación florida
En que el mentido robador de Europa
—Media luna las armas de su frente,
Y el Sol todo los rayos de su pelo—,
Luciente honor del cielo,
En campos de zafiro pace estrellas,
Cuando el que ministrar podía la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—Náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar; que condolido,
Fue a las ondas, fue al viento
El mísero gemido,
Segundo de Arïón dulce instrumento.

Del siempre en la montaña opuesto pino
Al enemigo Noto
Piadoso miembro roto
—Breve tabla— delfín no fue pequeño
Al inconsiderado peregrino
Que a una Libia de ondas su camino
Fió, y su vida a un leño.
Del Océano, pues, antes sorbido,
Y luego vomitado
No lejos de un escollo coronado
De secos juncos, de calientes plumas
—Alga todo y espumas—
Halló hospitalidad donde halló nido
De Júplter el ave.

Besa la arena, y de la rota nave
Aquella parte poca
Que le expuso en la playa dio a la roca;
Que aun se dejan las peñas
Lisonjear de agradecidas señas.

Desnudo el joven, cuanto ya el vestido
Océano ha bebido
Restituir le hace a las arenas;
Y al Sol le extiende luego,
Que, lamiéndole apenas
Su dulce lengua de templado fuego,
Lento lo embiste, y con suave estilo
La menor onda chupa al menor hilo.

No bien, pues, de su luz los horizontes
—Que hacían desigual, confusamente,
Montes de agua y piélagos de montes—
Desdorados los siente,
Cuando —entregado el mísero extranjero
En lo que ya del mar redimió fiero—
Entre espinas crepúsculos pisando,
Riscos que aun igualara mal, volando,
Veloz, intrépida ala,
—Menos cansado que confuso— escala.

Vencida al fin la cumbre
—Del mar siempre sonante,
De la muda campaña
Árbitro igual e inexpugnable muro—,
Con pie ya más seguro
Declina al vacilante
Breve esplendor de mal distinta lumbre:
Farol de una cabaña
Que sobre el ferro está, en aquel incierto
Golfo de sombras anunciando el puerto.

«Rayos —les dice— ya que no de Leda
Trémulos hijos, sed de mi fortuna
Término luminoso.» Y —recelando
De invidïosa bárbara arboleda
Interposición, cuando
De vientos no conjuración alguna—
Cual, haciendo el villano
La fragosa montaña fácil llano,
Atento sigue aquella
—Aun a pesar de las tinieblas bella,
Aun a pesar de las estrellas clara—
Piedra, indigna tïara
—Si tradición apócrifa no miente—
De animal tenebroso cuya frente
Carro es brillante de nocturno día:
Tal, diligente, el paso
El joven apresura,
Midiendo la espesura
Con igual pie que el raso,
Fijo —a despecho de la niebla fría—
En el carbunclo, Norte de su aguja,
O el Austro brame o la arboleda cruja.

El can ya, vigilante,
Convoca, despidiendo al caminante;
Y la que desviada
Luz poca pareció, tanta es vecina,
Que yace en ella la robusta encina,
Mariposa en cenizas desatada.

Llegó, pues, el mancebo, y saludado,
Sin ambición, sin pompa de palabras,
De los conducidores fue de cabras,
Que a Vulcano tenían coronado.

«¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora,
Templo de Pales, alquería de Flora!
No moderno artificio
Borró designios, bosquejó modelos,
Al cóncavo ajustando de los cielos
El sublime edificio;
Retamas sobre robre
Tu fábrica son pobre,
Do guarda, en vez de acero,
La inocencia al cabrero
Más que el silbo al ganado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!

»No en ti la ambición mora
Hidrópica de viento,
Ni la que su alimento
El áspid es gitano;
No la que, en bulto comenzando humano,
Acaba en mortal fiera,
Esfinge bachillera,
Que hace hoy a Narciso
Ecos solicitar, desdeñar fuentes;
Ni la que en salvas gasta impertinentes
La pólvora del tiempo más preciso:
Ceremonia profana
Que la sinceridad burla villana
Sobre el corvo cayado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!

»Tus umbrales ignora
La adulación, Sirena
De reales palacios, cuya arena
Besó ya tanto leño:
Trofeos dulces de un canoro sueño,
No a la soberbia está aquí la mentira
Dorándole los pies, en cuanto gira
La esfera de sus plumas,
Ni de los rayos baja a las espumas
Favor de cera alado.
¡Oh bienaventurado
Albergue a cualquier hora!»

No, pues, de aquella sierra —engendradora
Más de fierezas que de cortesía—
La gente parecía
Que hospedó al forastero
Con pecho igual de aquel candor primero,
Que, en las selvas contento,
Tienda el fresno le dio, el robre alimento.

Limpio sayal en vez de blanco lino
Cubrió el cuadrado pino;
Y en boj, aunque rebelde, a quien el torno
Forma elegante dio sin culto adorno,
Leche que exprimir vio la Alba aquel día
—Mientras perdían con ella
Los blancos lilios de su frente bella—,
Gruesa le dan y fría,
Impenetrable casi a la cuchara,
Del viejo Alcimedón invención rara.

El que de cabras fue dos veces ciento
Esposo casi un lustro —cuyo diente
No perdonó a racimo aun en la frente
De Baco, cuanto más en su sarmiento,
Triunfador siempre de celosas lides,
Le coronó el Amor; mas rival tierno,
Breve de barba y duro no de cuerno,
Redimió con su muerte tantas vides—;
Servido ya en cecina,
Purpúreos hilos es de grana fina.

Sobre corchos después, más regalado
Sueño le solicitan pieles blandas
Que al Príncipe entre Holandas
Púrpura Tiria o Milanés brocado.
No de humosos vinos agravado
Es Sísifo en la cuesta, si en la cumbre
De ponderosa vana pesadumbre
Es, cuanto más despierto, más burlado.
De trompa militar no, o destemplado
Son de cajas, fue el sueño interrumpido;
De can sí, embravecido
Contra la seca hoja
Que el viento repeló a alguna coscoja.

Durmió, y recuerda al fin cuando las aves
—Esquilas dulces de sonora pluma
Señas dieron suaves
Del Alba al Sol, que el pabellón de espuma
Dejó, y en su carroza
Rayó el verde obelisco de la choza.

Agradecido, pues, el peregrino,
Deja el albergue y sale acompañado
De quien lo lleva donde, levantado,
Distante pocos pasos del camino,
Imperïoso mira la campaña
Un escollo, apacible galería,
Que festivo teatro fue algún día
De cuantos pisan, Faunos, la montaña.
Llegó, y a vista tanta
Obedeciendo la dudosa planta,
Inmóvil se quedó sobre un lentisco,
Verde balcón del agradable risco.

Si mucho poco mapa le despliega,
Mucho es más lo que, nieblas desatando,
Confunde el Sol y la distancia niega.



Luis de Góngora y Argote, 1614

 

 

 

 

 

Prisión del nácar era articulado

de mi firmeza un émulo luciente,

un dïamante, ingenïosamente

en oro también él aprisionado.

 

Clori, pues que a su dedo apremïado

de metal, aun precioso, no consiente,

gallarda un día, sobre impacïente,

lo redimió del vínculo dorado.

 

Mas ¡ay!, que insidïoso latón breve

en los cristales de su bella mano

sacrílego divina sangre bebe:

 

púrpura ilustró menos indïano

marfil, invidïosa sobre nieve

claveles deshojó la Aurora en vano.

 

 

 

--Mira, Zaide, que te digo    que no pases por mi calle,

2

no hables con mis mujeres,    ni con mis cautivos trates,

 

no preguntes en qué entiendo    ni quién viene a visitarme,

4

qué fiestas me dan contento    ni qué colores me aplacen;

 

basta que son por tu causa    las que en el rostro me salen,

6

corrida de haber mirado    moro que tan poco sabe.

 

Confieso que eres valiente,    que hiendes, rajas y partes,

8

y que has muerto más cristianos    que tienes gotas de sangre;

 

que eres gallardo ginete,    que danzas, cantas y tañes,

10

gentilhombre, bien criado    cuanto puede imaginarse;

 

blanco, rubio por extremo,    señalado entre linajes,

12

el gallo de los bravatos,    la nata de los donaires;

 

que pierdo mucho en perderte    y gano mucho en ganarte,

14

y que si nacieras mudo    fuera posible adorarte;

 

mas por ese inconviniente    determino de dejarte,

16

que eres pródigo de lengua    y amargan tus liviandades;

 

habrá menester ponerte    la que quisiere llevarte

18

un alcázar en los pechos    y en los labios un alcaide.

 

Mucho pueden con las damas    los galanes de tus partes,

20

porque los quieren briosos,    que hiendan y que desgarren;

 

mas con esto, Zaide amigo,    si algún banquete les hacen

22

del plato de sus favores    quieren que coman y callen.

 

Costoso me fue el que heciste;    qué dichoso fueras, Zaide,

24

si conservarme supieras    como supiste obligarme.

 

Mas no bien saliste apenas    de los jardines de Atarfe,

26

cuando heciste de la mía    y de tu desdicha alarde.

 

A un morillo mal nacido    he sabido que enseñaste

28

la trenza de mis cabellos    que te puse en el turbante.

 

No quiero que me la vuelvas,    ni que tampoco la guardes,

30

mas quiero que entiendas, moro,    que en mi desgracia la traes.

 

También me certificaron    cómo le desafiaste

32

por las verdades que dijo,    que nunca fueran verdades.

 

De mala gana me río;    ¡qué donoso disparate!

34

No guardaste tu secreto    ¿y quieres que otro lo guarde?

 

No puedo admitir disculpa,    otra vez tomo [a] avisarte

36

que ésta será la postrera    que te hable y que me hables--.

 

Dijo la discreta Zaida    al gallardo Abencerraje,

38

y al despedirse replica    --Quien tal hace, que tal pague.--

 

Soneto


Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otro tienes de tu igual decoro;
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

Ponle su esquila de labrado estaño
y no le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro
que a las primeras yerbas cumple un año.

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su dueño.

61

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
 
 
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
 
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,        5
pues no te abrí!  ¡Qué estraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
 
¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,               10
verás con cuánto amor llamar porfía!
 
¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos --respondía--,
para lo mismo responder mañana!
 
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1  2  3  4   5   6  7  8    9 10        + 1 = 11
¿Qué tengo yo que mi_amistad pro-curas?
 
1   2 3   4  5  6  7   8 9  10           + 1 = 11
¿Qué_interés se te sigue, Jesús -o
 
1   2   3  4   5  6  7  8  9 10           + 1 = 11
que_a mi puerta, cubierto de ro--o,
 
1 2   3   4  5   6  7   8   9  10           + 1 = 11
pasas las noches del invierno_escuras?
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD
 
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?       A
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío            B
que a mi puerta, cubierto de rocío,            B
pasas las noches del invierno escuras?         A
 
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,       A
pues no te abrí!  ¡Qué estraño desvarío        B
si de mi ingratitud el yelo frío               B
secó las llagas de tus plantas puras!          A
 
¡Cuántas veces el ángel me decía:            C
Alma, asómate agora a la ventana,              D
verás con cuánto amor llamar porfía!           C
 
¡Y cuántas, hermosura soberana:              D
Mañana le abriremos --respondía--,             C

para lo mismo responder mañana!                D

 

Un soneto me manda hacer Violante,

que en mi vida me he visto en tal aprieto;

catorce versos dicen que es soneto:

burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

Lope de Vega.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
 
Era un reloj de sol mal encarado,                   5
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
 
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,                         10
las doce Tribus de narices era.
 
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
 
 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1 2  3    4     5   6  7 8   9 10    + 1 = 11
Érase_un hombre_a_una nariz pe-gado,
 
1 2  3  4  5 6   7 8  9 10             + 1 = 11
érase_una nariz superla-tiva,
 
1 2  3  4  5 6   7 8   9   10          + 1 = 11
érase_una nariz sayón y_escriba,
 
1 2  3    4  5   6 7  8   9 10         + 1 = 11
érase_un peje_espada muy barbado.
 
 
Rima:  Rima perfecta con el esquema ABBA ABBA CDC DCD
 
Érase un hombre a una nariz pegado,       A
érase una nariz superlativa,                B
érase una nariz sayón y escriba,            B
érase un peje espada muy barbado.           A
 
Era un reloj de sol mal encarado,         A
érase una alquitara pensativa,              B
érase un elefante boca arriba,              B
era Ovidio Nasón más narizado.              A
 
Érase un espolón de una galera,           C
érase una pirámide de Egito,                D
las doce Tribus de narices era.             C
 
Érase un naricísimo infinito,             D
muchísimo nariz, nariz tan fiera            C
que en la cara de Anás fuera delito.        D
 

Fue sueÑo ayer, maÑana serÁ tierra...
Fue sueño ayer, mañana será tierra.               
¡Poco antes nada, y poco después humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo               
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,               
en mi defensa, soy peligro sumo,
y mientras con mis armas me consumo,               
menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa y es y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.
              
Azadas son la hora y el momento
que a jornal de mi pena y mi cuidado               
cavan en mi vivir mi monumento.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Francisco de Quevedo y Villegas

Mujer puntiaguda con enaguas


   Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;

 

 

 

si pirámide andante, vete a Egipto;

 

 

 

si peonza al revés, trae sobrescrito;

 

 

 

si pan de azúcar, en Motril te encajo.

 

 


Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?

5

 

 

Si de disciplínate mal contrito

 

 

 

eres el cucurucho y el delito,

 

 

 

llámente los cipreses arrendajo.

 

 


Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?

 

 

 

Si cubilete, saca el testimonio;

10

 

 

si eres coraza, encájate en las viejas.

 

 


Si buida visión de San Antonio,

 

 

 

llámate doña Embudo con guedejas;

 

 

 

si mujer, da esas faldas al demonio.

 

 

 

Francisco de Quevedo

(1580-1645)
 
 
Miré los muros
 
 
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
 
Salíme al campo: vi que el sol bebía          5
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
 
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,             10
mi báculo más corvo y menos fuerte.
 
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
 

De: Floresta de rimas antiguas castellanas, por Juan Nicholas Böhl de Faber. Hamburgo: Perthes y Besser, 1821.

 
Estrofa:  Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)
 
 
Sílabas:   Once en cada verso
 
1 2  3   4 5   6  7  8   9 10      + 1 = 11
Miré los muros de la patria -a,
 
1     2  3   4  5   6  7  8 9 10    + 1 = 11
si_un tiempo fuertes ya desmoro-nados
 
1  2  3  4 5  6   7  8   9 10        + 1 = 11
de la carrera de la_edad cansados
 
1     2   3 4 5  6  7  8 9 10        + 1 = 11
por quien caduca ya su valen-a.
 
 
Rima:  Rima perfecta, con el esquema: ABBA ABBA CDE CDE
 
 
Miré los muros de la patria mía,            A
si un tiempo fuertes ya desmoronados          B
de la carrera de la edad cansados             B
por quien caduca ya su valentía.              A
 
Salíme al campo: vi que el sol bebía        A
los arroyos del hielo desatados,              B
y del monte quejosos los ganados              B
que con sombras hurtó su luz al día.          A
 
Entré en mi casa: vi que amancillada        C
de anciana habitación era despojos,           D
mi báculo más corvo y menos fuerte.           E
 
Vencida de la edad sentí mi espada,         C
y no hallé cosa en que poner los ojos         D
que no fuese recuerdo de la muerte.           E
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE ROSALÍA Y ROMANCES ( MODALIDAD LITERATURA )

 

Rosalía de Castro, Antología poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”.

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. “Las campanas. Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes

 

 

 

 

VII

 

Ya que de la      esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
la blanca luz del día.
              
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
y mi alma en su desierto.

 

ERA APACIBLE EL DÍA...

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
              
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!
              
Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
              
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
              
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
              
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
              
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Mas... es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.
              
Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.
              
Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!
              
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.
              
Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.
              
Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.
              
Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.
              
De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

 

 

Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitar el polo.

 

Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

 

Sedientas las arenas, en la playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe…? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

 

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra
cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;
y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

 

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

 

Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,
sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.

 

 

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

 

Fue cielo de su espíritu, fue sueño de sus sueños,
y vida de su vida, y aliento de su aliento;
y fue, desde que rota cayó la venda al suelo,
algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa,
siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;
que no ha de tener término sino cuando, cerrados,
ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.

EN SUS OJOS RASGADOS ....


En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra

de todos los males.


En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,

risueños, fugaces...,

cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis

 

En el alma llevaba un pensamiento,
una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo,
fresca brotó de súbito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.

 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

 

A la luna

I

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

 

 

LAS CAMPANAS

 

   Yo las amo, yo las
oigo,/

cual oigo el rumor del viento,/

el murmurar de la fuente/

o el balido del cordero./

   Como los pájaros,
ellas,/

tan pronto asoma en los cielos/

el primer rayo del alba,/

 le saludan con tus
ecos/

Y en sus notas, que van prolongándose/

por los llanos y los cerros,/

hay algo de candoroso,/

de apacible y de halagüeño./

   Si por siempre
enmudecieran,/

(…)/

 

 

 

En la altura los cuervos graznaban,
los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo
en los ecos de tal sinfonía;
algo negro, fantástico y mudo
que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,
esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,
del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron

 

Aún otra amarga gota en el mar sin orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,
débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,
ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.

 

No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás le bastará una dicha.

Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.

 

HORA TRAS HORA, DÍA TRAS DÍA

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
        Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
        Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
        Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
        En dónde, alma mía?

 

 

Cantares galegos

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.

I I

Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.

 

Cando de lonxe vos oio

penso que por min chamades

e das entrañas me doio.

 

Dóiome de dór ferida,

que antes tiña vida enteira

e hoxe teño media vida.

 

só media me deixaron

os que de aló me trouxeron,

os que de aló me roubaron.

 

Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,

¡ai!, uns toliños amores.

 

Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

de pena me consumiron. Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.

 

Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.

 

Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.

 

Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.

 

No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.

 

Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron...

de pena me consumieron.

II II

Aló pola mañanciña

subo enriba dos outeiros

lixeiriña, lixeiriña.

 

Como unha craba lixeira,

para oir das campaniñas

a batalada primeira.

 

A primeira da alborada

que me traen os airiños

por me ver máis consolada.

 

Por me ver menos chorosa,

nas suas alas ma traen

rebuldeira e queixumbrosa.

 

Queixumbrosa e retembrando

por antre verde espesura,

por antre verde arborado.

 

E pola verde pradeira,

por riba da veiga llana,

rebuldeira e rebuldeira. Allá por la mañanita

subo sobre los oteros

ligerita, ligerita.

 

Como una cabra ligera

para oir de las campanas

la campanada primera.

 

La primera de la alborada

que me traen los aires

por verme más consolada.

 

Por verme menos llorosa,

en sus alas me la traen

retozona y quejumbrosa.

 

Quejumbrosa y temblando

entre la verde espesura,

entre la verde arboleda.

 

Y por la verde pradera,

sobre la vega llana,

juguetona y juguetona.

III III

Paseniño, paseniño

vou pola tarde calada

de Bastabales camiño.

 

Camiño do meu contento;

i en tanto o sol non se esconde

nunha pedriña me sento.

 

E sentada estou mirando

como a lua vai saíndo,

como o sol se vai deitando.

 

Cal se deita, cal se esconde

mentras tanto corre a lua

sin saberse para donde.

 

Para donde vai tan soia

sin que aos tristes que a miramos

nin nos fale nin nos oia.

 

Que si oira e nos falara,

moitas cousas lle dixera,

moitas cousas lle contara. Despacito, despacito

voy por la tarde callada

de Bastabales camino.

 

Camino de mi contento;

y en tanto el sol no se esconde

en una piedrita me siento.

 

y sentada estoy mirando

como la luna va saliendo,

como el sol se va poniendo.

 

Cual se acuesta, cual se esconde

mientras tanto corre la luna

sin saberse para dónde.

 

Para dónde va tan sola

sin que a los tristes que la miramos

ni nos hable ni nos oiga

 

Que si oyera y nos hablara

muchas cosas le dijera,

muchas cosas le contara.

IV IV

Cada estrela, o seu diamante;

cada nube, branca pruma;

triste a lúa marcha diante.

 

Diante marcha crarexando

veigas, prados, montes, ríos,

onde o día vai faltando.

 

Falta o día e noite escura

baixa, baixa, pouco a pouco,

por montañas de verdura.

 

De verdor e de follaxe,

salpicada de fontiñas

baixo a sombra do ramaxe.

 

Do ramaxe donde cantan

paxariños piadores,

que ca aurora se levantan.

 

Que ca noite se adormecen

para que canten os grilos

que cas sombras aparecen. Cada estrella, su diamante;

cada nube, blanca pluma;

triste la luna marcha delante.

 

Delante marcha clareando

vegas, prados, montes ríos,

donde el día va faltando

 

Falta el día y noche oscura

baja, baja, poco a poco,

por montañas de verdor.

 

De verdor y de follaje,

salpicada de fuentecillas

bajo la sombra del ramaje.

 

Del ramaje donde cantan

pajarillos piadores,

que con la aurora se levantan.

 

Que con la noche se adormecen

para que canten los grillos

que con las sombras aparecen.

V V

Corre o vento, o río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camiño da miña casa.

 

Miña casa, meu abrigo,

vanse todos, eu me quedo

sin compaña nin amigo.

 

Eu me quedo contemprando

as laradas das casiñas

por quen vivo sospirando.

 

..............................

 

Ven a noite..., morre o día,

as campanas tocan lonxe

o tocar do Ave María.

 

Elas tocan pra que rece;

eu non rezo que os saloucos

afogándome parece

que por mín tén que rezar.

 

Campanas de bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Corre el viento, el río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

 

Mi casa, mi abrigo,

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

 

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

 

................................

 

Viene la noche..., muere el día,

las campanas tocan lejos

las notas del Ave María.

 

Ellas tocan para que rece;

yo no rezo que los sollozos

ahogándome parece

que por mi tienen que rezar.

 

Campanas de Bastabales

cando vos oio tocar,

me muero de añoranzas.

 

 

Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...
.........................................
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'é miña,
que hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ó que naceu desdichado.
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adios Virxe da Asunción,
branca como un serafín;
lévovos no corazón:
Pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!,¡meu lar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE ROSALÍA Y ROMANCES ( MODALIDAD LITERATURA )

 

Rosalía de Castro, Antología poética

En las orillas del Sar

1. “Ya que de la esperanza, para la vida mía”

2. “Era apacible el día”

3. “Un manso río, una vereda estrecha”.

4. “Moría el sol, y las marchitas hojas”

5. “Sedientas las arenas, en la playa”

6. Los robles, IV. “Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra”

7. “Alma que vas huyendo de ti misma”

8. “Ya siente que te extingues en su seno”

9. “Cenicientas las aguas”

10. “En sus ojos rasgados y azules”

11. “En el alma llevaba un pensamiento”

12. “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros”

13. A la luna, I. “¡Con qué pura y serena transparencia...!”

14. “Las campanas. Yo las amo, yo las oigo”

15. “En la altura los cuervos graznaban”

16. “Aún otra amarga gota en el mar sin orillas”

17. “No va solo el que llora”

18. “Hora tras hora, día tras día”

Cantares galegos

19. “Campanas de Bastabales”

20. “Adios, ríos; adios, fontes

 

 

 

 

VII

 

Ya que de la      esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
la blanca luz del día.
              
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
y mi alma en su desierto.

 

ERA APACIBLE EL DÍA...

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
              
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!
              
Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.
              
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
              
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.
              
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
              
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.
              
Mas... es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.
              
Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.
              
Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!
              
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.
              
Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.
              
Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.
              
Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.
              
De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

 

 

Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitar el polo.

 

Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

 

Sedientas las arenas, en la playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe…? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!

 

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra
cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;
y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

 

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

 

Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,
sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.

 

 

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

 

Fue cielo de su espíritu, fue sueño de sus sueños,
y vida de su vida, y aliento de su aliento;
y fue, desde que rota cayó la venda al suelo,
algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa,
siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;
que no ha de tener término sino cuando, cerrados,
ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.

EN SUS OJOS RASGADOS ....


En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra

de todos los males.


En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,

risueños, fugaces...,

cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis

 

En el alma llevaba un pensamiento,
una duda, un pesar,
tan grandes como el ancho firmamento
tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo,
fresca brotó de súbito una rosa,
como brota una fuente en el desierto,
o un lirio entre las grietas de una roca.

 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

 

A la luna

I

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

 

 

LAS CAMPANAS

 

   Yo las amo, yo las
oigo,/

cual oigo el rumor del viento,/

el murmurar de la fuente/

o el balido del cordero./

   Como los pájaros,
ellas,/

tan pronto asoma en los cielos/

el primer rayo del alba,/

 le saludan con tus
ecos/

Y en sus notas, que van prolongándose/

por los llanos y los cerros,/

hay algo de candoroso,/

de apacible y de halagüeño./

   Si por siempre
enmudecieran,/

(…)/

 

 

 

En la altura los cuervos graznaban,
los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo
en los ecos de tal sinfonía;
algo negro, fantástico y mudo
que del alma las cuerdas hería.

Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,
esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,
del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron

 

Aún otra amarga gota en el mar sin orillas
donde lo grande pasa de prisa y lo pequeño
desaparece o se hunde, como piedra arrojada
de las aguas profundas al estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,
débil a caer vuelve siempre en la tentación.
Y escribe como escriben las olas en la arena,
el viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,
ni que eterna repita sus murmullos el agua;
canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos
que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.

 

No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás le bastará una dicha.

Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.

 

HORA TRAS HORA, DÍA TRAS DÍA

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
        Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
        Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
        Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
        En dónde, alma mía?

 

 

Cantares galegos

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.

I I

Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.

 

Cando de lonxe vos oio

penso que por min chamades

e das entrañas me doio.

 

Dóiome de dór ferida,

que antes tiña vida enteira

e hoxe teño media vida.

 

só media me deixaron

os que de aló me trouxeron,

os que de aló me roubaron.

 

Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,

¡ai!, uns toliños amores.

 

Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

de pena me consumiron. Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.

 

Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.

 

Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.

 

Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.

 

No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.

 

Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron...

de pena me consumieron.

II II

Aló pola mañanciña

subo enriba dos outeiros

lixeiriña, lixeiriña.

 

Como unha craba lixeira,

para oir das campaniñas

a batalada primeira.

 

A primeira da alborada

que me traen os airiños

por me ver máis consolada.

 

Por me ver menos chorosa,

nas suas alas ma traen

rebuldeira e queixumbrosa.

 

Queixumbrosa e retembrando

por antre verde espesura,

por antre verde arborado.

 

E pola verde pradeira,

por riba da veiga llana,

rebuldeira e rebuldeira. Allá por la mañanita

subo sobre los oteros

ligerita, ligerita.

 

Como una cabra ligera

para oir de las campanas

la campanada primera.

 

La primera de la alborada

que me traen los aires

por verme más consolada.

 

Por verme menos llorosa,

en sus alas me la traen

retozona y quejumbrosa.

 

Quejumbrosa y temblando

entre la verde espesura,

entre la verde arboleda.

 

Y por la verde pradera,

sobre la vega llana,

juguetona y juguetona.

III III

Paseniño, paseniño

vou pola tarde calada

de Bastabales camiño.

 

Camiño do meu contento;

i en tanto o sol non se esconde

nunha pedriña me sento.

 

E sentada estou mirando

como a lua vai saíndo,

como o sol se vai deitando.

 

Cal se deita, cal se esconde

mentras tanto corre a lua

sin saberse para donde.

 

Para donde vai tan soia

sin que aos tristes que a miramos

nin nos fale nin nos oia.

 

Que si oira e nos falara,

moitas cousas lle dixera,

moitas cousas lle contara. Despacito, despacito

voy por la tarde callada

de Bastabales camino.

 

Camino de mi contento;

y en tanto el sol no se esconde

en una piedrita me siento.

 

y sentada estoy mirando

como la luna va saliendo,

como el sol se va poniendo.

 

Cual se acuesta, cual se esconde

mientras tanto corre la luna

sin saberse para dónde.

 

Para dónde va tan sola

sin que a los tristes que la miramos

ni nos hable ni nos oiga

 

Que si oyera y nos hablara

muchas cosas le dijera,

muchas cosas le contara.

IV IV

Cada estrela, o seu diamante;

cada nube, branca pruma;

triste a lúa marcha diante.

 

Diante marcha crarexando

veigas, prados, montes, ríos,

onde o día vai faltando.

 

Falta o día e noite escura

baixa, baixa, pouco a pouco,

por montañas de verdura.

 

De verdor e de follaxe,

salpicada de fontiñas

baixo a sombra do ramaxe.

 

Do ramaxe donde cantan

paxariños piadores,

que ca aurora se levantan.

 

Que ca noite se adormecen

para que canten os grilos

que cas sombras aparecen. Cada estrella, su diamante;

cada nube, blanca pluma;

triste la luna marcha delante.

 

Delante marcha clareando

vegas, prados, montes ríos,

donde el día va faltando

 

Falta el día y noche oscura

baja, baja, poco a poco,

por montañas de verdor.

 

De verdor y de follaje,

salpicada de fuentecillas

bajo la sombra del ramaje.

 

Del ramaje donde cantan

pajarillos piadores,

que con la aurora se levantan.

 

Que con la noche se adormecen

para que canten los grillos

que con las sombras aparecen.

V V

Corre o vento, o río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camiño da miña casa.

 

Miña casa, meu abrigo,

vanse todos, eu me quedo

sin compaña nin amigo.

 

Eu me quedo contemprando

as laradas das casiñas

por quen vivo sospirando.

 

..............................

 

Ven a noite..., morre o día,

as campanas tocan lonxe

o tocar do Ave María.

 

Elas tocan pra que rece;

eu non rezo que os saloucos

afogándome parece

que por mín tén que rezar.

 

Campanas de bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades. Corre el viento, el río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camino de mi casa.

 

Mi casa, mi abrigo,

se van todos, yo me quedo

sin compañía ni amigo.

 

Yo me quedo contemplando

las llamas del hogar en las casitas

por las que vivo suspirando.

 

................................

 

Viene la noche..., muere el día,

las campanas tocan lejos

las notas del Ave María.

 

Ellas tocan para que rece;

yo no rezo que los sollozos

ahogándome parece

que por mi tienen que rezar.

 

Campanas de Bastabales

cando vos oio tocar,

me muero de añoranzas.

 

 

Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...
.........................................
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'é miña,
que hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ó que naceu desdichado.
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adios Virxe da Asunción,
branca como un serafín;
lévovos no corazón:
Pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!,¡meu lar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Donación de sangre

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                              El próximo 11 de junio aquellos alumnos mayores de edad están invitados a ir al Hospital de de la Cruz Roja de Hospitalet a donar sangre. Nos encontraremos en el metro de Pubilla Casa a las 15:45,  en la parada de Josep Molins donde hay un puesto de flores.

                              Son importantes y siempre necesarias las donaciones de sangre, así que os animo a que vengáis, es una buena manera de celebrar el fin de la sele ¿no os parece?

                              Atentamente

Mónica Ruedas, la profa de castellano



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